Crecí rodeada de naturaleza.
Y aun así,
las plantas seguían siendo 'mala hierba'.
Aunque viviera en ciudad,
siempre estuvieron ahí:
en los árboles de las calles,
en los parques,
en las hierbas que crecían entre aceras.
Tan presentes,
que aprendí a no verlas.
Después llegaban los veranos en el Pirineo.
Acampando.
Subiendo cimas.
Descubriendo rincones.
Y mi madre preparándonos infusiones mientras nosotros recogíamos frutos para hacer conservas.
La naturaleza siempre estuvo ahí.
Pero las plantas no empezaron a tener sentido para mí
hasta muchos años después.
Hasta que algo cambió.
Todo empezó en la escuela de pastores,
gracias a Anna Salvat.
Entré pensando en animales.
Y salí mirando el paisaje de otra manera.
Primero empecé probando con
plantas para las ovejas.
Después llegaron:
— los primeros ungüentos,
— las pruebas cosméticas,
— las infusiones,
— y las plantas silvestres en la cocina.
Y poco a poco,
lo que antes era simplemente “verde”
empezó a llenarse de nombres,
relaciones,
hábitats
e historias.
El paisaje dejó de ser fondo.
Y empezó a tener sentido.
Quizás a ti también te pasa.
Sales al campo
y sientes que todo parece igual.
Intentas aprender:
— guardando fotos
— usando aplicaciones,
— viendo vídeos,
— memorizando nombres.
Y durante unos días parece que esta vez sí.
Pero luego vuelves al mismo punto:
dudas,
confusión,
y sensación de no retener nada.
Porque identificar plantas no va de memorizar.
Va de desarrollar una mirada.
Llega un momento en el que el paisaje cambia.
Empiezas a reconocer patrones.
La forma de crecer.
Los lugares donde aparece una planta.
Las relaciones entre especies.
Las estaciones.
Lo que antes era “mala hierba”
empieza a tener identidad.
Y entonces pasa algo importante:
dejas de depender constantemente del móvil.
Empiezas a desarrollar criterio propio.
Porque llega un momento en el que dejas
de buscar constantemente confirmación
y empiezas a confiar en lo que ves.
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Para construir una base sólida.
Aprender a identificar, comprender y relacionarte con las plantas sin sentirte como un cactus
en pleno invierno en el Pirineo.
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Para seguir profundizando.
Una planta cada mes.
Más contexto.
Más comprensión.
Más relación con el territorio.