Soy Marina y vivo en el Pirineo, rodeada de montañas, animales y estaciones que cambian de verdad la forma de organizarme el día a día.
Comparto la vida con mi pareja y con varios animales: ovejas, perros, gatos y gallinas.
Un pequeño ecosistema que implica observar, cuidar, improvisar y aprender continuamente
Y entre todo eso, están las plantas.
Pero no siempre las miré como las miro ahora.
Las plantas siempre estuvieron ahí
En los parques.
En las aceras.
En los árboles de las calles.
Y en las infusiones que preparaba mi madre para casi todo.
Después llegaban los veranos en el Pirineo.
Acampábamos, subíamos montañas, recorríamos caminos y recogíamos frutos para hacer conservas.
La naturaleza siempre estuvo cerca. Las plantas también.
Tan cerca que aprendí a no verlas.
Entré pensando en animales y salí mirando el paisaje
Muchos años después entré en la Escuela de Pastores.
Y allí ocurrió algo que acabaría cambiando mi forma de mirar.
Conocí a una herbolaria y remeiera tradicional de Farrera, en el Pirineo catalán.
Recuerdo escucharla y pensar algo muy sencillo:
Yo también quiero saber hacer eso.
No quería memorizar cientos de nombres.
Lo que me fascinaba era descubrir que aquel paisaje que había recorrido tantas veces estaba lleno de usos, relaciones e historias que yo desconocía.
Empecé fijándome en las plantas que comían las ovejas.
Después llegaron los primeros macerados y ungüentos.
Las pruebas cosméticas.
Las plantas silvestres en la cocina.
Y, poco a poco, aquello que antes era simplemente verde empezó a llenarse de nombres, aromas, texturas, hábitats e historias.
El paisaje dejó de ser un fondo.
Empecé a leerlo.
Antes de Silvestres y Salvajes
Mi recorrido profesional no ha seguido una línea demasiado recta.
Estudié Turismo.
Después me formé en la Escuela de Pastores.
Durante varios años tuve una explotación de ovejas de leche con quesería propia y también he trabajado como guarda de un refugio de montaña.
Son trabajos muy distintos, pero todos me han enseñado algo que hoy sigue muy presente en este proyecto:
trabajar con las manos, observar antes de actuar, resolver problemas reales y entender que las cosas importantes casi nunca se aprenden únicamente leyendo sobre ellas.
La experiencia abrió la puerta.
Después quise entender mejor lo que estaba haciendo.
De la curiosidad al criterio.
Durante dos años me formé de la mano de una descendiente de trementinaire y después seguí ampliando conocimientos a través de distintas formaciones en etnobotánica y botánica aplicada a la educación ambiental.
También soy socia y fan de Eixarcolant, un colectivo dedicado a recuperar, estudiar y divulgar las plantas silvestres desde ámbitos como la alimentación, la cultura, el territorio y la conservación.
La formación me permitió poner estructura y contexto a muchas cosas que ya había empezado a observar y experimentar por mi cuenta.
Porque sentir curiosidad por una planta es relativamente fácil.
Aprender a reconocerla, entender dónde crece, saber cómo utilizarla y transmitir ese conocimiento con responsabilidad es otra cosa.
Y ese proceso todavía continúa.
De ahí nace Silvestres y Salvajes
Del encuentro entre todas esas partes.
De la vida cotidiana en el Pirineo.
De los animales.
De los caminos.
De la cocina.
De la experiencia.
De la formación.
Y, sobre todo, de seguir sorprendiéndome con cosas que habían estado delante de mí durante años.
No quiero que aprendas cientos de plantas de memoria.
Quiero ayudarte a que algunas dejen de ser simplemente «verde».
Que puedas reconocerlas.
Entenderlas.
Utilizarlas con criterio.
Y descubrir qué ocurre cuando el paisaje que recorres todos los días empieza, poco a poco, a tener nombre.
Porque quizá eso sea lo que más me interesa de las plantas silvestres:
no solo cambian lo que sabes.
Cambian lo que ves.