5 plantas silvestres comestibles fáciles para empezar

Cuando descubres que muchas de las plantas que crecen alrededor también se comen, es fácil querer aprenderlas todas.

De repente, el paisaje parece una lista interminable.

Pero para empezar no necesitas conocer cincuenta plantas.

Necesitas conocer bien las primeras cinco.

Estas son algunas de las que elegiría para empezar a entrenar la mirada.

No porque una lista pueda sustituir una identificación correcta —no puede—, sino porque son plantas comunes, con rasgos interesantes para observar y con una larga relación con nuestra alimentación.

Y una advertencia antes de seguir: nunca consumas una planta basándote únicamente en este artículo, una fotografía o una app.

Diente de león (Taraxacum officinale)

Probablemente ya lo conoces.

O, al menos, conoces esa esfera blanca que hemos soplado alguna vez para pedir un deseo.

Lo curioso es que quizá hayas jugado con esta planta durante años sin pensar que también se ha utilizado como alimento.

Para empezar a observarlo, fíjate en tres cosas:

Las hojas jóvenes tienen un sabor marcadamente amargo y se han utilizado tanto crudas como cocinadas. También se han aprovechado otras partes de la planta, como botones, flores o raíz.

Una idea para llevarlo a la cocina

Las hojas jóvenes pueden convertirse en la base de un pesto de diente de león, donde ese amargor característico se equilibra con otros ingredientes.

No hace falta esconder su sabor.

Precisamente ahí está parte de su interés.

Malva común (Malva sylvestris)

La malva es una de esas plantas que va dejando pistas durante buena parte de su ciclo.

Primero aparecen sus hojas redondeadas.

Después llegan las flores violetas recorridas por venas más oscuras.

Y más tarde aparecen sus pequeños frutos.

Los famosos “quesitos”.

Sus hojas, flores y frutos jóvenes se han utilizado tradicionalmente como alimento. Las hojas destacan además por su contenido en mucílagos, responsables de esa textura ligeramente viscosa que también se nota cuando llegan a la cocina.

Una idea para llevarla a la cocina

Prueba a incorporar las hojas tiernas de malva a una crema o una sopa.

El mucílago ayuda a dar cuerpo y una textura más untuosa sin necesidad de añadir demasiados espesantes.

Es una de esas plantas que no solo aporta sabor.

También cambia la textura del plato.

Llantén (Plantago spp.)

El llantén es una de esas plantas que explican muy bien por qué merece la pena mirar hacia abajo.

Aparece en prados, caminos, huertos y zonas pisadas.

Precisamente en lugares por los que pasamos continuamente.

En especies como el llantén mayor (Plantago major), las hojas aparecen en roseta y muestran varios nervios muy marcados que recorren la hoja desde la base.

En el llantén menor (Plantago lanceolata), las hojas son mucho más estrechas, pero esos nervios siguen siendo una de las pistas más evidentes.

Las hojas jóvenes se han utilizado como verdura, aunque con el tiempo se vuelven más fibrosas.

Pero hay otra parte bastante más curiosa.

Una idea para llevarlo a la cocina

Las espigas florales jóvenes del llantén pueden desarrollar un sabor que recuerda al champiñón.

Una manera especialmente interesante de aprovecharlas es saltearlas y utilizarlas como base de una salsa para pasta con un punto sorprendentemente parecido al de las setas.

Una planta de camino convertida en salsa de champiñón.

Ahí empieza a ponerse interesante la cosa.

Ortiga mayor (Urtica dioica)

Hay plantas que aprendemos por la vista.

La ortiga muchas veces la aprendemos por otro sentido.

Porque pica.

Sus hojas aparecen enfrentadas en el tallo, tienen el borde aserrado y están cubiertas de pelos urticantes.

Suele crecer formando grupos en lugares frescos y ricos en materia orgánica: bordes de huertos, corrales, zonas húmedas o suelos fértiles.

Y aquí aparece una de esas contradicciones que hacen tan interesantes a las plantas silvestres.

La misma planta que aprendemos desde pequeñas a no tocar también ha formado parte de la cocina tradicional.

Los brotes tiernos se han utilizado en sopas, tortillas, cremas y otras preparaciones una vez desactivado su efecto urticante mediante el procesado adecuado.

Una idea para llevarla a la cocina

Una crema de ortigas es probablemente una de las formas más sencillas de descubrirla.

También funciona especialmente bien en tortillas o croquetas.

Una vez cocinada, desaparece aquello por lo que todos la conocemos y aparece una verdura completamente distinta.

Verdolaga (Portulaca oleracea)

Y después está la verdolaga.

Una planta que aparece con frecuencia precisamente donde muchas personas menos esperan encontrar comida:

en huertos, terrenos removidos, patios y hasta entre grietas.

Es rastrera.

Sus tallos suelen tener tonos rojizos.

Y sus hojas son pequeñas, carnosas y brillantes.

Está especialmente adaptada al calor y suele hacerse muy visible durante el verano.

Las hojas y tallos tiernos tienen una textura jugosa y un sabor fresco, ligeramente ácido. Se han consumido tanto crudos como cocinados en distintas tradiciones culinarias.

Una idea para llevarla a la cocina

Aquí no hace falta complicarse demasiado.

Las hojas y tallos tiernos funcionan muy bien en una ensalada fresca, donde pueden aportar textura carnosa y ese punto ligeramente ácido tan característico.

También puede mezclarse con otras verduras para que sea la planta quien aporte el contraste.

Por qué empezaría por cinco y no por cincuenta

Puedes guardar una lista enorme de plantas silvestres comestibles.

Pero reconocer una planta en una fotografía y reconocerla cuando aparece delante de ti son cosas bastante distintas.

Por eso prefiero empezar con pocas.

Verlas cuando brotan.

Cuando florecen.

Cuando producen semillas.

Encontrarlas en lugares distintos.

Aprender qué rasgos permanecen y cuáles cambian.

Cinco plantas bien conocidas pueden enseñarte más a mirar que cincuenta nombres guardados en el móvil.

Preguntas frecuentes sobre plantas silvestres comestibles fáciles

¿Cuáles son buenas plantas silvestres comestibles para empezar?

Diente de león, malva, algunos llantenes, ortiga y verdolaga son cinco plantas interesantes para empezar por su frecuencia y por los rasgos que permiten observarlas con facilidad. Aun así, deben identificarse correctamente antes de consumirlas.

¿Puedo aprender estas plantas solo con fotografías?

Las fotografías ayudan, pero no deberían ser la única fuente de identificación. Conviene observar la planta completa, sus hojas, tallos, flores o frutos, el lugar donde crece y sus posibles confusiones.

¿Que una planta sea fácil de reconocer significa que es segura?

No necesariamente. La facilidad de reconocimiento no elimina posibles confusiones ni sustituye el conocimiento sobre qué partes se comen, en qué momento y cómo deben prepararse.

Para cerrar

No hace falta convertir cada paseo en una clase de botánica.

Empieza por una planta.

Después otra.

Vuelve a buscarlas.

Mira cómo cambian.

Prueba a reconocerlas antes de acercarte.

Y llegará un momento en que suceda algo pequeño.

Antes de que nadie te diga su nombre, la reconocerás desde lejos.

Ahí empieza, de verdad, a cambiar el paisaje.

.

Si quieres seguir aprendiendo

A partir de aquí podemos hacer algo mucho más interesante que seguir añadiendo nombres:

conocerlas una a una.

En los próximos artículos iremos entrando en cada especie: qué observar, dónde aparece, cómo cambia, qué la hace diferente y qué posibilidades abre cuando llega a la cocina.

Si quieres aprender conmigo

Si prefieres recorrer este aprendizaje de una forma más estructurada, en Silvestres y Salvajes encontrarás formaciones para aprender a observar, reconocer y utilizar plantas silvestres con criterio, práctica y seguridad.

→ Ver cursos y recursos para aprender plantas silvestres

.