La historia de Silvestres y Salvajes: aprender a mirar las plantas que siempre estuvieron ahí

Durante años viví rodeada de plantas sin saber realmente todo lo que tenía delante.
En casa ya preparábamos infusiones, conservas y algunas elaboraciones sencillas. Las plantas no eran algo completamente ajeno.
Pero una cosa era saber que podían utilizarse.
Y otra muy distinta descubrir hasta dónde podía llegar todo aquello que crecía a mi alrededor.
Empecé a probar.
A observar.
A cocinar.
A transformar.
A comparar.
Y recuerdo la sorpresa de descubrir que algunas preparaciones hechas con plantas del entorno daban resultados iguales —y en ocasiones mejores— que otras cosas que llevaba toda la vida utilizando.
Ahí empezó a cambiar algo.
No aparecieron plantas nuevas.
Cambió mi forma de mirar las que ya estaban.
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Antes de Silvestres y Salvajes ya estaban las plantas
Silvestres y Salvajes no nació el día que abrí una web o una cuenta de Instagram.
Había empezado bastante antes.
Mi vida llevaba años vinculada al medio rural, los animales, la montaña y los trabajos hechos con las manos. Había ordeñado, elaborado queso, trabajado con un rebaño, cultivado, hecho conservas y pasado muchas horas fuera.
Las plantas estaban constantemente alrededor.
Y, sin embargo, con el tiempo entendí algo que ahora me parece bastante curioso:
vivir rodeada de naturaleza no significa necesariamente conocerla.
Puedes recorrer el mismo camino durante años y no saber qué crece en sus bordes.
Puedes tener un huerto y desconocer casi todas las plantas que aparecen espontaneas entre los cultivos.
Puedes caminar por la montaña cada semana y seguir viendo una enorme masa verde donde, en realidad, conviven decenas de especies distintas.
A mí también me pasaba.
Hasta que empecé a detenerme.
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El momento en que el paisaje dejó de ser solo paisaje
Silvestres y Salvajes empezó a tomar forma cuando comencé a descubrir todo lo que podía hacerse con las plantas del paisaje que tenía alrededor.
Una hoja dejó de ser simplemente una hoja.
Empezaron a aparecer nombres.
Usos.
Texturas.
Sabores.
Historias.
Comencé a reconocer plantas que llevaba años viendo sin prestarles demasiada atención.
La ortiga.
La malva.
El diente de león.
El llantén.
Y muchas otras que hasta entonces habían formado parte de una categoría bastante imprecisa:
plantas.
Lo interesante es que ninguna había llegado de repente.
Siempre habían estado allí.
Lo nuevo era que yo empezaba a distinguirlas.
Y cuando reconoces una planta por primera vez ocurre algo difícil de deshacer: empiezas a encontrarla en todas partes.
El camino sigue siendo el mismo.
Pero ya no lo recorres igual.
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Aprender una planta es mucho más que aprender su nombre

Al principio es fácil pensar que aprender plantas consiste en memorizar especies.
Nombre común.
Nombre científico.
Familia.
Y pasar a la siguiente.
Pero cuanto más observaba, menos sentido tenía para mí aprenderlas así.
Una planta también es dónde aparece.
En qué momento del año.
Cómo cambia.
Qué insectos se acercan a ella.
Qué parte desaparece.
Qué queda cuando termina la floración.
Cómo huele cuando la tocas.
Qué textura tiene.
Qué se ha hecho tradicionalmente con ella.
Y, algunas veces, qué ocurre cuando llega a la cocina.
Empecé a entender que reconocer una planta no era simplemente ponerle una etiqueta.
Era empezar a comprender una pequeña parte del lugar que habitaba.
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Por qué Silvestres y Salvajes
El nombre Silvestres y Salvajes nació como un homenaje a las plantas.
A mis maestras.
A esas especies que me han enseñado a mirar el territorio de otra manera.
Silvestres
Silvestres por esas plantas que crecen espontáneamente fuera del cultivo, formando parte del paisaje no domesticado que encontramos en campos, caminos, huertos, bordes, montañas e incluso ciudades.
Muchas pasan desapercibidas precisamente porque nadie las ha plantado allí.
No tienen cartel.
No tienen una etiqueta con su nombre.
Simplemente aparecen cuando encuentran las condiciones adecuadas.
Salvajes
Y salvajes por su capacidad para seguir adelante.
Con frío.
Con calor.
Con poca agua.
En terrenos removidos.
En una grieta.
Después de una siega.
Compitiendo con otras plantas.
Creciendo muchas veces en lugares en los que nadie ha preparado el terreno para ellas.
No utilizo “salvajes” como una idea romántica de naturaleza intacta.
Me interesa mucho más lo que ocurre realmente delante de nuestros ojos:
su capacidad de adaptarse, responder y persistir.
Eso fue, en buena parte, lo que hizo que empezara a observarlas con otros ojos.
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Las plantas como maestras

Decir que las plantas han sido mis maestras puede sonar abstracto.
Pero para mí significa algo bastante concreto.
Me han enseñado a detenerme.
A observar antes de sacar conclusiones.
A entender que el mismo lugar cambia constantemente aunque parezca igual.
A mirar cuándo aparece una planta y cuándo desaparece.
A preguntarme por qué crece precisamente allí.
A comprobar antes de utilizar.
A experimentar.
Y también a entender que no estoy al margen del paisaje que habito.
Formo parte de él.
Cuanto más conocía el territorio, más evidente me resultaba que nuestra relación con él funciona en ambas direcciones.
Lo utilizamos.
Nos alimenta.
Lo recorremos.
Lo transformamos.
Dependemos de él.
Y nuestra forma de cuidarlo determina también qué puede seguir ocurriendo allí.
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Vivir en un territorio no es lo mismo que conocerlo
Esta quizá sea una de las ideas que más ha terminado definiendo Silvestres y Salvajes.
Podemos conocer perfectamente las carreteras de un lugar.
Los pueblos.
Las montañas.
Los supermercados.
Los restaurantes.
Incluso los senderos.
Y no saber nombrar cinco plantas que crecen delante de nuestra puerta.
No porque seamos menos capaces.
Simplemente porque durante mucho tiempo no hemos necesitado prestarles atención.
Pero cuando empiezas a hacerlo ocurre algo curioso.
Primero reconoces una.
Después otra.
Empiezas a distinguir formas.
Una roseta deja de ser igual que otra.
Ves que algunas plantas siempre aparecen en los mismos tipos de suelo.
Que unas llegan muy pronto.
Que otras esperan al calor.
Que aquello que parecía simplemente “verde” está lleno de patrones.
El paisaje cambia muy poco.
Lo que aumenta es la cantidad de cosas que eres capaz de ver en él.
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Qué es Silvestres y Salvajes hoy

Silvestres y Salvajes es un proyecto dedicado a las plantas silvestres y a aprender a observarlas, reconocerlas, comprenderlas y descubrir las relaciones que mantienen con el paisaje, la cocina y nuestra cultura.
Aquí encontrarás plantas silvestres comestibles, identificación, etnobotánica, usos tradicionales, cocina silvestre, curiosidades botánicas, recolección responsable y formas de interpretar mejor aquello que crece a nuestro alrededor.
Pero hay una idea que atraviesa todo lo demás:
antes de utilizar una planta, hay que aprender a verla.
Por eso este proyecto no pretende convertirse simplemente en una colección infinita de especies, propiedades y recetas.
Me interesa algo anterior.
Que un paseo conocido pueda empezar a contener preguntas.
Que una planta que has pisado cien veces deje de ser anónima.
Que descubras por qué aparece en ese lugar.
Que entiendas qué parte de ella estás mirando.
Y que, poco a poco, puedas construir tu propio criterio.
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Qué encontrarás en este blog

Este blog empieza precisamente ahí.
Aprender a mirar las plantas silvestres
Hablaremos de cómo observar una planta antes de intentar ponerle nombre y de qué señales merece la pena empezar a reconocer.
Reconocer lo que crece cerca
Iremos descubriendo especies comunes, sus ciclos, hábitats, particularidades y posibles confusiones.
Porque para empezar no hace falta aprender cien plantas.
Hace falta conocer bien las primeras.
Entender el paisaje
También hablaremos de por qué algunas especies aparecen en caminos, huertos, cunetas, prados o terrenos removidos.
Las plantas no crecen en un lugar por casualidad.
Su presencia también nos cuenta cosas sobre ese sitio.
Llevar el paisaje a la cocina
Algunas plantas silvestres forman parte de nuestra historia alimentaria.
Exploraremos sabores, partes comestibles, posibilidades culinarias y formas de incorporarlas a la cocina con conocimiento y seguridad.
La cocina estará muy presente.
Pero no será el final del recorrido.
Será una de las formas de comprender una planta con las manos.
Recuperar historias que siguen creciendo
Los nombres populares, los usos tradicionales, los juegos infantiles, las expresiones y la etnobotánica también forman parte del paisaje.
Porque conocer una planta no es únicamente saber cómo es.
También es descubrir qué relación hemos mantenido con ella.
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El paisaje sigue siendo el mismo
Silvestres y Salvajes nació de una sensación que todavía aparece cuando descubro algo nuevo sobre una planta que llevaba años viendo.
Ese pequeño:
“¿Cómo puede ser que esto siempre haya estado aquí?”
Probablemente por eso sigo aprendiendo.
Porque cada planta abre otra pregunta.
Y una vez empiezas a reconocerlas, ocurre algo que ya no tiene demasiada vuelta atrás.
El paisaje sigue siendo el mismo.
Los caminos también.
Las plantas estaban ahí mucho antes.
Lo que cambia es nuestra forma de mirarlas.
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PREGUNTAS FRECUENTES
¿Qué es Silvestres y Salvajes?
Silvestres y Salvajes es un proyecto sobre plantas silvestres, observación, identificación, etnobotánica, cocina silvestre y relación con el paisaje. Su objetivo es ayudar a comprender mejor las plantas que crecen alrededor y aprender a relacionarse con ellas con criterio.
¿Quién está detrás de Silvestres y Salvajes?
Detrás de Silvestres y Salvajes está Marina Collado. El proyecto nace de su experiencia y aprendizaje alrededor de las plantas silvestres, el territorio, la cocina y la vida vinculada al medio rural.
¿Por qué se llama Silvestres y Salvajes?
El nombre es un homenaje a las plantas. “Silvestres” hace referencia a aquellas que crecen espontáneamente fuera del cultivo y “Salvajes” a su capacidad de adaptarse, persistir y sobrevivir en condiciones muy diferentes.
¿De qué habla el blog de Silvestres y Salvajes?
El blog trata sobre plantas silvestres y plantas silvestres comestibles, identificación, observación, etnobotánica, cocina silvestre, usos tradicionales, recolección responsable, curiosidades botánicas y lectura del paisaje.
¿Hace falta saber botánica para empezar a aprender plantas silvestres?
No. La botánica ayuda a identificar con mayor precisión, pero el aprendizaje puede comenzar observando unas pocas plantas comunes, sus formas, ciclos y lugares de crecimiento. El objetivo es adquirir criterio progresivamente, no memorizar muchas especies de golpe.
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