Cuándo recoger ortigas: hojas, semillas y qué cambia durante el año

Preguntar cuándo se recoge la ortiga parece una pregunta sencilla.

Pero tiene una respuesta poco útil:

depende de qué estés buscando.

La ortiga que aparece con los primeros brotes de primavera, la que encontramos alta y florecida unas semanas después y la que carga sus racimos de semillas al final del verano son la misma especie.

Pero no están en el mismo momento.

Y tampoco nos ofrecen lo mismo.

Con las plantas silvestres, aprender cuándo mirar puede ser tan importante como aprender qué mirar.

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La ortiga cambia durante todo el año

La ortiga mayor (Urtica dioica) es una planta perenne.

Aunque su parte aérea puede desaparecer o deteriorarse durante los meses fríos, bajo tierra mantiene un sistema de rizomas desde el que vuelve a desarrollarse cuando regresan las condiciones favorables.

En primavera los brotes empiezan a crecer con rapidez. Después la planta gana altura, florece y produce semillas. Hacia el final de la temporada, la parte aérea comienza de nuevo a deteriorarse.

No hay una única “temporada de la ortiga”.

Hay distintos momentos de la ortiga.

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Primavera: el momento de los brotes y las hojas tiernas

Si lo que quieres son hojas para cocinar, este es el momento que más interesa observar.

Cuando la planta empieza a rebrotar aparecen tallos tiernos con hojas jóvenes, mucho más agradables para utilizar en cocina que las hojas de plantas ya muy desarrolladas.

No hace falta esperar a que la ortiga alcance un tamaño concreto.

Más útil que pensar en centímetros es mirar en qué fase está:

Para cocinar, interesa más una ortiga que acaba de empezar su temporada que una que ya está pensando en reproducirse.

Y hay otra ventaja.

En esta fase también resulta mucho más fácil observar la estructura de la planta sin encontrarnos todavía con una masa alta y densa de tallos.

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¿Hay que recoger solo las puntas?

No necesariamente existe una única forma correcta de recolectarla, pero para cocina tiene sentido centrarse en las partes más jóvenes y tiernas.

Las hojas superiores y los brotes recientes suelen resultar más interesantes que las partes inferiores de una planta grande y desarrollada.

Además, recolectar únicamente una parte permite dejar buena parte de la planta en su sitio.

No necesitamos llevarnos el tallo entero para preparar unas hojas.

Recolectar mejor muchas veces significa simplemente llevarse menos planta.

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Final de primavera y verano: empiezan las flores

Conforme avanza la temporada aparece una de las transformaciones más interesantes de la ortiga.

En las axilas de las hojas comienzan a desarrollarse sus inflorescencias.

En la Urtica dioica se encuentras en distintas plantas las flores masculinas y femeninas.

Por eso, cuando empiezas a fijarte en los racimos, una grupo de ortigas que parecía completamente uniforme empieza a dividirse en individuos diferentes.

Hasta que florece, puedes pensar que todas son iguales.

Después empiezas a descubrir qué planta tienes delante y en qué fase está.

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¿Se pueden seguir recogiendo hojas cuando la ortiga florece?

Aquí evitaría una regla absoluta del tipo “después de florecer la ortiga ya no se puede comer”.

Es demasiado simplista.

Lo que sí ocurre es que, conforme la planta madura, cambia la calidad culinaria de sus partes.

Los tallos se vuelven más desarrollados y las hojas pueden resultar menos tiernas que las de los brotes jóvenes.

Por eso, si el objetivo es cocinar hojas, suele tener más sentido buscar rebrotes tiernos que insistir en una planta grande y completamente desarrollada.

Que una parte siga siendo comestible no significa necesariamente que siga siendo el mejor momento para recogerla.

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Final del verano: el momento de mirar las semillas

Cuando las plantas femeninas completan su floración empiezan a desarrollarse los frutos que contienen las semillas.

Los racimos cambian de aspecto.

Lo que unas semanas antes eran pequeñas flores verdosas empieza a verse más lleno y pesado.

Y esta es precisamente una de las fases que más fácilmente pasa desapercibida.

Estamos acostumbrados a reconocer una ortiga por las hojas.

Mucho menos a detenernos frente a ella para mirar qué ocurre con sus racimos.

En primavera mirabas hojas.

Meses después, la misma planta te obliga a mirar otra cosa.

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Cómo saber si las semillas de ortiga están maduras

Más que quedarse con una fecha exacta, conviene aprender a leer la planta.

En los ejemplares femeninos, los racimos con frutos se vuelven más desarrollados conforme avanza la maduración y pueden quedar claramente colgantes.

Las semillas viables pueden dispersarse desde verano y continuar presentes incluso bastante después de finalizar la floración. En estudios de la especie se ha observado que las semillas pueden permanecer sobre tallos secos hasta invierno.

Para utilizarlas en cocina interesa recogerlas cuando están bien formadas y después secarlas correctamente antes de almacenarlas.

No hace falta recoger todos los racimos de una planta.

Una parte de esas semillas pertenece al siguiente ciclo de la propia ortiga y también alimenta las relaciones que mantiene con el resto del ecosistema.

Una idea para llevar las semillas a la cocina

Una vez bien secas, pueden utilizarse como un pequeño condimento.

Puedes añadirlas a panes, masas, yogur o mezclas de semillas, o triturarlas con sal para preparar una sal de semillas de ortiga.

No necesitas una gran cantidad.

Precisamente ahí está parte de su interés: empezar a descubrir que la ortiga no termina cuando dejamos atrás la temporada de las hojas.

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¿Y qué ocurre en otoño?

Al finalizar el verano la planta empieza a acercarse al final de su ciclo aéreo.

Las hojas se deterioran, los tallos permanecen y buena parte de la actividad vuelve a concentrarse bajo tierra.

Pero esos tallos también cuentan otra historia.

La ortiga ha sido utilizada históricamente como planta de fibra, y es precisamente cuando dejamos de pensar solo en sus hojas cuando empezamos a descubrir esta otra faceta.

Ese será otro capítulo.

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¿Y en invierno desaparece?

A simple vista puede parecerlo.

Pero una ortiga perenne no empieza cada primavera desde cero.

Los rizomas permanecen bajo tierra y permiten que la planta vuelva a rebrotar.

Hay épocas del año en las que parece que una planta no está haciendo nada.

Simplemente lo está haciendo donde no podemos verlo.

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Entonces, ¿cuál es el mejor momento para recoger ortigas?

No existe una única respuesta.

Depende de la parte.

El calendario ayuda.

Pero mirar la planta ayuda mucho más.

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No todas las primaveras empiezan el mismo día

Una fecha escrita en un libro puede orientarte.

Pero no sabe dónde estás.

Una ortiga creciendo en un valle húmedo y a cierta altitud puede llevar un ritmo distinto a otra situada cientos de kilómetros más al sur.

Incluso dos plantas relativamente próximas pueden desarrollarse de forma diferente según orientación, humedad, sombra o alteración del terreno.

Por eso prefiero utilizar los meses como referencia y aprender después a reconocer estados de la planta.

Brota.

Crece.

Florece.

Fructifica.

Se seca.

Rebrota.

El calendario dice cuándo podría ocurrir.

La planta te dice cuándo está ocurriendo.

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Antes de cortar, mira

Cuando encuentres un grupo de ortigas, no empieces directamente por elegir qué hojas llevarte.

Mira primero.

¿Hay muchas?

¿Solo unas pocas?

¿Están brotando?

¿Han empezado a florecer?

¿Ves plantas con racimos diferentes?

¿Hay semillas?

¿Hay insectos utilizando esas plantas?

La recolección también puede convertirse en una forma de aprender el ciclo.

Porque cuando vuelves semanas después al mismo lugar ya no encuentras exactamente la planta que dejaste.

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Preguntas frecuentes sobre cuándo recoger ortigas

¿Cuál es la mejor época para recoger ortigas?

Si buscas hojas tiernas para cocinar, la fase de crecimiento de primavera suele ser especialmente interesante. Para semillas hay que esperar a que las plantas femeninas hayan florecido y los frutos maduren durante el verano o hacia el final de la temporada.

¿Se pueden recoger ortigas en verano?

Sí, pero depende de qué quieras utilizar y del estado de la planta. En verano muchas ortigas ya están floreciendo o produciendo semillas. Para hojas culinarias puede ser preferible buscar rebrotes jóvenes.

¿Cuándo florece la ortiga?

La época depende del territorio y del clima. De forma general, Urtica dioica florece desde finales de primavera y durante el verano; existen registros ibéricos aproximadamente entre abril y septiembre.

¿Cuándo se recogen las semillas de ortiga?

Después de la floración, cuando los frutos de las plantas femeninas ya están bien desarrollados. Más que seguir un mes exacto, conviene observar la maduración de los racimos.

¿Hay que dejar de recoger hojas cuando florece?

No plantearía la floración como una frontera absoluta entre “comestible” y “no comestible”. Lo que cambia es la calidad culinaria: los brotes y hojas jóvenes suelen ser más tiernos, por lo que resultan más interesantes para cocinar.

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Para cerrar

Podemos aprender el nombre de una planta en cinco minutos.

Conocer su año entero lleva bastante más.

Hay que verla salir.

Crecer.

Florecer.

Llenarse de semillas.

Secarse.

Y volver a aparecer.

Quizá por eso regresar al mismo sitio sea una de las mejores maneras de aprender plantas.

No porque allí encuentres más especies.

Sino porque empiezas a descubrir que la misma nunca es exactamente la misma.

La ortiga de abril y la de agosto comparten nombre.

Pero te están enseñando cosas distintas.

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Si quieres seguir avanzando

Cuando llega el final del verano, una parte de la ortiga empieza a cobrar protagonismo y suele pasar bastante más desapercibida que sus hojas:

las semillas.

→ Semillas de ortiga: cuándo aparecen y cómo utilizarlas en la cocina

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Si quieres aprender conmigo

Si quieres aprender a reconocer plantas silvestres a lo largo de todo su ciclo y no únicamente cuando tienen el aspecto de una fotografía de guía, en Silvestres y Salvajes encontrarás cursos y recursos para seguir profundizando.

→ Ver cursos y recursos sobre plantas silvestres

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