7 errores que cometemos al empezar a recolectar plantas silvestres

Reconoces una planta.

Sabes que se utiliza.

La tienes delante.

Y entonces llega el siguiente impulso:

cortarla.

Pero identificar una planta y saber recolectarla son dos aprendizajes diferentes.

Porque en cuanto sacas unas tijeras, ya no estás solamente observando el paisaje.

Estás tomando algo de él.

Recolectar bien no empieza al cortar.

Empieza bastante antes.

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1. Recolectar una planta que todavía no conoces bien

Es probablemente el error más importante.

Una app te propone un nombre.

Una fotografía coincide.

La planta “te suena”.

Y parece suficiente.

Pero cuando una planta va a entrar en tu cocina, el nivel de certeza tiene que ser mucho mayor.

Antes de recolectar necesitas comprobar los rasgos que realmente definen la especie y conocer sus posibles confusiones.

Si tienes dudas, la planta se queda donde está.

Puedes fotografiarla.

Observarla.

Volver otro día.

No identificar una planta también es una respuesta válida.

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2. Mirar la planta y olvidarte del lugar

Puedes haber identificado perfectamente una ortiga.

Pero eso no significa que cualquier ortiga sea una buena candidata para tu cesta.

Antes de recolectar mira alrededor.

¿Está junto a una carretera muy transitada?

¿En un margen fumigado?

¿Al lado de un vertedero?

¿En una zona donde pasean continuamente perros?

¿Sabes qué uso tiene ese terreno?

Tus materiales ya plantean como criterio básico buscar lugares limpios y evitar carreteras, zonas fumigadas y vertederos.

Antes de preguntarte “¿qué planta es?”, añade otra pregunta:

“¿Dónde está creciendo?”

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3. Llenar la cesta porque hay mucha

Esta es fácil de entender cuando la planta aparece por todas partes.

Ves una mancha enorme de ortigas.

Un margen lleno de flores.

Decenas de brotes.

Y surge la sensación de abundancia.

Pero que haya mucho no significa que necesites llevártelo.

Recolectar de más termina muchas veces con plantas marchitas en una bolsa, tarros que no utilizamos o material seco que acaba olvidado durante meses.

La pregunta útil no es:

“¿Cuánto puedo recoger?”

Sino:

“¿Cuánto voy a utilizar realmente?”

Además, una población vegetal no está allí únicamente para nosotros. Flores, semillas y hojas forman parte de las relaciones con insectos, aves y otros organismos.

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4. Cortar sin mirar qué parte necesita la planta

No es lo mismo recoger unas hojas que arrancar una planta entera.

Y mucho menos extraer su raíz.

Cuando recolectas flores puedes estar retirando futuros frutos y semillas.

Cuando cortas todos los brotes jóvenes puedes frenar el desarrollo de un ejemplar.

Y cuando extraes una raíz, en muchas especies estás eliminando directamente la planta.

Tus materiales de “Volver a la Tierra” hacen precisamente esta distinción y recomiendan evitar la extracción de raíces salvo cuando exista una razón clara para hacerlo.

Antes de cortar, mira qué estás quitando y qué necesita quedarse.

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5. Pensar que cualquier momento sirve

Una planta cambia durante el año.

Y la parte que nos interesa también.

Las hojas pueden ser tiernas al principio del ciclo y volverse fibrosas después.

Las flores tienen un momento concreto.

Las semillas necesitan madurar.

Los frutos pasan de verdes a maduros.

Por eso aprender una planta implica también aprender cuándo observar cada parte.

No recolectamos únicamente especies.

Recolectamos momentos.

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6. Meterlo todo en la bolsa y ocuparte después

La recolección no termina cuando vuelves a casa.

De hecho, ahí empieza otro problema bastante habitual.

Plantas húmedas.

Hojas aplastadas.

Flores mezcladas.

Material que permanece horas dentro de una bolsa cerrada.

Si lo que has recogido necesita secarse o conservarse, conviene pensar antes cómo lo vas a transportar y qué harás con ello al llegar.

Tus materiales también contemplan el secado, almacenamiento y etiquetado como parte del proceso, no como algo separado de la recolección.

Recolecta pensando también en lo que ocurrirá después.

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7. Dar por hecho que, por ser silvestre, puedes recogerla

Este es fácil de pasar por alto.

Que una planta crezca espontáneamente no significa automáticamente que podamos recolectarla.

Puede tratarse de una especie protegida.

Puede crecer dentro de un espacio con restricciones.

O encontrarse en una propiedad donde no tenemos permiso para recoger.

La normativa puede cambiar según el territorio y el espacio concreto, así que conviene comprobarla antes de salir a recolectar, especialmente cuando se trata de áreas protegidas o especies que no conocemos bien.

Reconocer una planta también significa saber cuándo dejarla exactamente donde está.

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Entonces, ¿cómo empezar a recolectar plantas silvestres?

Sin complicarlo demasiado:

Hay algo interesante en este proceso.

Cuando empiezas a recolectar con más atención, también empiezas a fijarte mucho más en el estado de las plantas.

Cuántas hay.

Cuáles están floreciendo.

Cuáles ya tienen semillas.

Qué insectos las visitan.

Recolectar puede convertirse en otra forma de aprender a mirar.

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Preguntas frecuentes sobre recolectar plantas silvestres

¿Puedo recolectar cualquier planta silvestre?

No. Hay que tener en cuenta la identificación, posibles especies protegidas, la normativa del lugar y la propiedad del terreno. En espacios protegidos pueden existir restricciones específicas.

¿Cuánto debería recolectar?

No existe una cantidad universal válida para todas las especies y situaciones. Como criterio general, recoge solo una pequeña parte de una población abundante y únicamente lo que realmente vayas a utilizar.

¿Dónde no debería recolectar plantas para comer?

Evita lugares con contaminación evidente o posible, como márgenes de carreteras muy transitadas, vertederos, terrenos tratados con productos fitosanitarios o zonas cuyo uso desconoces.

¿Es mejor cortar o arrancar?

Depende de la parte que necesites y de la especie. Para hojas, flores o tallos suele bastar con cortar la parte necesaria sin arrancar la planta completa. Extraer raíces suele implicar destruir el ejemplar.

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Para cerrar

Al principio la recolección puede parecer el momento en que por fin “usas” todo lo que has aprendido.

Pero quizá sea justo lo contrario.

Es cuando empiezas a hacerte más preguntas.

¿Hay suficiente?

¿Está en buen momento?

¿Este lugar es adecuado?

¿Necesito realmente cogerla?

Una buena recolección también puede terminar con las manos vacías.

Y no pasa nada.

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Si quieres seguir avanzando

Ahora que ya tenemos una base sobre cómo observar, identificar y recolectar, podemos empezar a conocer las plantas una a una.

Y yo abriría ese bloque con una que llevamos toda la vida aprendiendo a evitar:

la ortiga.

→ Ortiga: cómo reconocerla, qué partes se usan y por qué pica

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